Porqué Yoga

Para mi la práctica del Yoga simboliza mucho más que una religión o creencias sobre que algo es bueno o es malo. Durante muchos años he recibido diversas críticas y opiniones sobre esta actividad que realizo, pero para mi es eso, uno más de los regalos que me ha dado la vida y que me causa demasiado bienestar.

Cuando comencé a hacer Yoga, estaba viviendo en Bogotá y tenía niveles muy altos de trabajo; era el inicio de mi camino de despertar que para mi tomó muchos años, tuve que enfrentarme con muchas pruebas y demasiados aprendizajes. Cada situación (que por supuesto ahora comprendo) tenía que darse tal cual se dio para llegar al lugar en el que ahora me encuentro, pero en ese momento todavía no entendía nada ni sabía que hacer con mi vida. En conclusión todo era caos.

Vivía con circunstancias permanentes de enfermedad, estrés, ansiedad e inestabilidad. No dedicaba tiempo al deporte aunque siempre fui muy buena deportista. Sentía que necesitaba una ayuda espiritual, pero también que mi cuerpo pedía a gritos alguna actividad. No tengo idea porqué ni cómo, llegó la primera clase. Durante varios años practicando Yoga mi vida se transformó, aprendí sobre la energía, sobre este lenguaje, sobre posturas, sobre trabajo en equipo y también individual, me acostumbré a ese espacio y se volvió vital. Bueno al principio, algunas posturas me causaban dolor físico, ahora ya no, ahora incluso lo disfruto. Normalmente siempre he sido muy disciplinada, pero en esta ocasión, no era ninguna obligación.

Algunas posturas me removieron fibras, incluso lloraba al hacerlas. Comencé a sacar, a soltar y a limpiar. Realizaba trabajo de equilibrio, fuerza, tonificación y estabilidad. Cuando realizas una postura de Yoga, comienzas a realizar una lectura de tu cuerpo y de tu situación actual. Mi cuerpo se comenzó a comunicar, me hablaba. Podía entender que una postura de estabilidad me mostraría qué tan estable estaba mi vida; una postura de fuerza me diría qué tan tonificada y resistente estoy; una postura de estiramiento me ensenaría qué tan tensa me siento. La verdad es que cada vez quería más. En este proceso de limpieza y de la misma energía que fui moviendo, mi cuerpo decidió rechazar algunos alimentos, el licor, situaciones… personas. Mis hábitos cambiaron, mis gustos se transformaron. Realicé mi proceso de re-conexión.

Con el acompañamiento de mi maestro, descubrí mis grandes habilidades de flexibilidad. Aprendí a meditar. Me permití sentir. Me conocí. Volví a mi esencia. Me di la oportunidad de abrir mis canales energéticos y comencé a recibir la abundancia del universo. Daba y recibía. No tuve que dudar si hacerlo o no, fue automático, fue inconsciente, y lo mejor fue disfrutar de ese proceso.

Puedo decir que hacer Yoga para mi, es el espacio que me concedo para conectarme con mi interior, para respirar y para amar. Haciendo Yoga puedes sentir como el amor fluye de ti en cada postura, amor por ti y por los demás. Amor por la vida. Despiertas tus sentidos, tu conciencia se expande, tu cuerpo sonríe, tus músculos bailan, tu piel celebra.

Haciendo Yoga reconoces la luz de la divinidad que ya habita en ti.

Namaste.

Diana Cardona

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