Estar en oración

El primer paso es definir la palabra “oración” y encontré que es un “conjunto de enunciados con que el creyente se dirige a Dios, a una divinidad, a un santo, etc, especialmente la que tiene una forma fija y establecida”.

Estuve buscando y leyendo y me llamó mucho la atención esta definición y por eso quise tomarla para este artículo. En primer lugar nos habla de un creyente, es decir que nos referimos a un ser humano que tiene una creencia, ya cree en algo y tiene claro que existe algo más grande que él. Luego nos aclara que puede ser llamado Dios, Divinidad con cualquier nombre, o un santo, lo que lo pondría en un contexto de Ser superior que ha hecho un proceso de ascensión. Tiene una forma fija y establecida y esto para mi simboliza el mensaje que nos dejó Jesús, porque fue Jesús justamente como Avatar o Maestro o ejemplo para la humanidad quien vino a enseñarnos y a mostrarnos que fue enviado por Dios o esa Divinidad para que conociéramos la verdadera forma del amor incondicional. Esa fue su misión aquí.

La oración realmente nace del corazón de cada ser humano. Nosotros somos seres humanos con un alma experimentando en la tierra con un cuerpo físico, y es el alma o el espíritu el que nos va marcando el camino para cumplir con el plan que ha sido acordado antes de venir aquí, antes de nacer. Es nuestra alma la que realmente se conecta en oración y es al alma o espíritu al que tenemos que permitirle que se exprese y se expanda en la plenitud de lo que realmente es siguiendo la intuición que habita en su corazón, es decir, en el alma. No se trata de un cuerpo físico repitiendo palabras o frases, se trata de un ser espiritual que entra en conexión con algo que además de ser más grande y más fuerte, es plenitud y gracia y otorga paz y tranquilidad. Es establecer una comunicación directa, conversando, diciendo, desahogando. Porque este ser superior es quien nos dio la posibilidad de estar aquí viviendo, por lo tanto, este ser superior tiene la capacidad de ayudarnos cada vez que lo necesitemos.

¿Y porqué lo necesitamos? Porque estamos experimentando y aprendiendo, y en medio de las elecciones que realizamos quizás nos damos cuenta que no era la mejor opción, o que esa elección no era la correcta y por esta razón se ha generado un sufriendo. Así que estar en oración es entrar en conexión y comunión con el Espíritu divino de nuestro creador. Es establecer un lazo directo con un padre que habita en nosotros mismos, para pedirle su ayuda así como también para agradecerle por esa ayuda así no haya sido requerida. Las peticiones se sienten en cada parte del cuerpo así como las respuestas que percibimos con emociones de regocijo. La gratitud también hace parte de nuestro ser que de algún modo ha hecho una petición o hace una petición inconscientemente cada día, y la gratitud es una emoción de expansión en lo que recibimos de ese Dios, ya que recibimos favores cada día. Es el cuerpo físico el vehículo que experimenta a través de nuestros cuerpos divinos que son los que hacen la conexión en la oración.

Entonces permítete estar en oración… constantemente y permanentemente.

Orar es parte de nosotros, orar nos mantiene en conexión, orar nos hace humanos.

Con amor.

Diana Luna

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